“Las lenguas como armas en un Estado democrático, o el caso del catalán y del vasco” así rezaba hace ya algunos años el titular de un artículo publicado en una revista sueca dirigida a profesores de idiomas de aquel país, y este titular nos sirve para el argumento que ahora pasamos a desarrollar.

Los partidos nacionalistas, en este caso hablamos de los nuestros, los que están asentados en el territorio nacional, suelen utilizar la lengua, el idioma propio, para enfrentar a los hablantes y habitantes de esa comunidad. Presentan a la lengua autóctona como si fuera la víctima de los atropellos que se cometieron en el pasado contra ella, y volcando todas las culpas en un enemigo que en este caso seria el castellano   hablante. Sin embargo en la mayoría de los paises donde los nacionalismos no están asentados, el hecho de la variedad de lenguas se ve como un plus, como algo enriquecedor con respecto a otras personas y otros territorios.

La lengua común sirve de comunicación entre los habitantes que la usan para estar en contacto con otros habitantes del mismo lugar. Sirve para comunicarse entre las familias, acostumbradas desde hace siglos, a expresarse en ese idioma, sus sentimientos, sus preocupaciones. Sirve para entablar nuevas amistades, compartir sentimientos, expectativas e ilusiones. Sirve para tratar temas profesionales, para entablar acuerdos y negociaciones. Sirve para reir, para captar la ironia o el resentimiento.

Sin embargo los nacionalismos la usan como una bandera más, para separar y aislar a sus ciudadanos. La usan como un elemento diferenciador pero para enfrentarla en este caso al español, y no para darle un valor en positivo. El derecho que concede la constitución al empleo de la lengua autóctona se ha usado para relegar al español o castellano a una lengua secundaria y al estudio de éste en los colegios e institutos como si fuera prácticamente una lengua extranjera. De nuevo el afán nacionalista no ha entendido lo que significa la riqueza de hablar dos idiomas de forma correcta y las fronteras que esto abre, sobre todo si tenemos en cuenta que el idioma que intentan relegar es hablado y estudiado en el mundo entero por cientos de millones de personas. Es difícil llegar a una paz social cuando se resalta lo que nos separa, y en el el uso de la lengua lo vemos de una forma muy clara.

El día que dejemos de usar la lengua, el idioma y lo autóctono como arma arrojadiza conseguiremos además de riqueza cultural, dejar atrás enfrentamientos sin sentido.

 

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